miércoles, 29 de diciembre de 2010

Sucedio

Sucede que hace mucho tiempo que no vuelo, sucede que desde hace algún tiempo casi no camino.

El olor de una fragancia etérea sólo clara en mis pensamientos, que se pasea y, a la vez que existe, se evapora en una densa niebla de recuerdos difuminados en cera, en carbón y papel
En los recuerdos que, irónicamente grises, se remontan a un lugar rodeado por el azul mar y ondeado en sus ruidosas olas danzantes al fuerte viento, nubes que amenazan, cielo que estrellas no abarca, gotas que nunca caen y una montaña que no es movida.
Un espacio limitado al tiempo que nos es concedido, que, a pesar de largo, nunca nos basta, porque las horas no son días y los segundos no son suficientes en el juego del vaivén, del columpio de los niños y de la batalla de un orgullo desconocido.
Una sonrisa lo rompe todo.
La voz de un susurro que acompaña al gesto desafiante, después la risa femenina y los ojos del atacante, manos que abrazan y uñas que arañan, que amenazan, que suplican no ser cuestionadas.
No es una acción, no es una historia con telón, público o director, no es un juego porque hace mucho tiempo que ya no lo es.
Es lo que los protagonistas dicen que es, y aunque no lo digan y nunca lleguen al acuerdo, es.
No es un relato, no es verso, no es coherente y no es dramático.

No es nada, es sólo que sucede que hace mucho tiempo que no.... que no... En fin, si supiera qué palabra añadir al final, nunca llegaría a escribir ésto.

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